"Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que ser." Jean Paul Sastre
“Ser perfecta para mis papás no es lo que quiero; no más niñez, ya ha quedado en el pasado, quiero ser una mujer pero debo tratar de ser como mis amigas. Popularidad, moda y grandeza es lo que debo mostrar o debo aparentar.”
Amanda había sido una niña alegre, social y con una sonrisa que transmitía felicidad; sus padres estaban orgullosos de ella, ya que era su hija única, y no encontraban nada malo en ella. Amanda, en pocas palabras, era perfecta. Sin embargo, pasaron muchos veranos y aquella niña creció; la pequeña Amada ya no era la misma y sus padres temían a que pudieran hacerle daño.
Ella ahora contaba con dieciocho años, su vida se había transformado con la secundaría al igual que en el bachillerato; la moda la había marcado, ya que la presión social en la que vivía era más fuerte que ella. Los problemas empezaron a surgir poco a poco, no sabía que hacer y todo fue empeorando, no encontraba solución hasta que ella se vio rodeada, encerrada por aquellos problemas. No veía ninguna salida.
“Hoy me di cuenta que me encuentro más sola, nada de lo que diga o haga es correcto. La culpa va más allá de mi, son ellos quienes tienen la culpa de ser quien soy; no quiero ser más yo, por eso la forma de vestirme, de expresarme y aparentar ser otra. Soy una copia de los demás para que me puedan aceptar y no ser rechazada.”
Las nuevas amistades que iba teniendo la estaban influyendo de manera incorrecta. Habían sembrado en ella el odio hacia sus padres; la manipularon, la cambiaron y crearon a una Amanda temerosa de sí misma y de cualquier superficialidad como lo era: la forma correcta de vestir, de caminar, de tratar a la gente y otras características de su nueva personalidad. Había alejado a sus verdaderos amigos y los culpaba de no haberle ayudado antes; ella se encontraba sola y no lo sabía.
“Raúl y Sofía no saben nada, son unos tontos. No sé como pude ser amiga de ellos, sólo hicieron que mi mundo se cerrara. Los demás debieron pensar que era como ellos, aburrida y sin vida. Lamento esa parte de mi vida; sin embargo, sé que no es culpa mía. No sabía como era el mundo y sólo ellos eran los más cercanos a mí. Ahora me dan lástima y aunque piensan que estoy mal, evito hablarles.”
La infancia de Amanda la había vivido al lado de Raúl y Sofía, ellos habían sido muy buenos amigos. Juguetes, juegos, fiestas, travesuras y regaños habían sido parte de su infancia y su complicidad; ellos se conocían muy bien, más que sus propios padres. Era tan grande y fuerte la relación que había entre ellos, que Raúl y Sofía notaron el cambio de Amanda mucho antes de que los padres de ella lo notaran.
“Tengo miedo a ser responsable de lo que vivo, no quiero hacer nada por temor a que todo salga peor. La vida me ha tratado mal, estoy triste y nadie quiere ayudarme. Mis papás no me quieren por no saber como me siento, mis amigos sólo se quejan de mi forma de ser, mientras que Raúl y Sofía evitan hablarme.”
Amanda se había alejado mucho de sus padres, ellos sabían que no estaba bien; sin embargo, ella evitaba cualquier contacto con ellos. No comía con ellos, no salía con ellos, no hablaba con ellos. Raúl y Sofía querían ayudarla, pues sabían que su soledad la estaba cambiando, ya no sólo eran las malas amistades que tenían sino que ahora ella se estaba haciendo daño y no quería aceptar lo que estaba viviendo.
“Estoy harta de quien soy, no puedo aguantar un día más con este sentimiento de enojo, de angustia o de dolor; que más da el sentimiento, simplemente estoy harta. Todos dicen que si estoy así es por mi misma, pero no les creo ya que no saben lo que vivo. Sufro cada vez que me veo y me pregunto quién soy, no soy nadie, nada y no hay forma de que sea alguien. Todo esto que siento es por culpa de mi pasado.”
Raúl, era el hijo de en medio, un muchacho tranquilo, listo y maduro que siempre otorgaba la ayuda necesaria. Sofía, a pesar de ser la menor de sus hermanos, era muy sincera, responsable y centrada, sabía las palabras necesarias para sentir bien a la gente. Ambos eran muy buenos amigos y lo eran de Amanda, sólo que ella los negó hasta que sucedió lo inevitable. Fue hasta ese punto que Amanda se dio cuenta quienes eran sus verdaderos amigos.
“Ya no sé que pensar, las horas son más largas y no soporto mi vida; lo que he logrado o han logrado los demás conmigo me ha llevado a la desesperación. Debo cambiar, lo sé pero no sé como empezar. Necesito de alguien, no quiero aceptar la culpa de lo que me sucede, ya que insisto en que es culpa de otros. Será mejor tomar un decisión”
Encerrada, desesperada, harta de preguntas que no podía contestar y de una vida que no quería; rompió el espejo y lloró. Y luego…Nada sólo la nada.
“La vergüenza me ha invadido, estoy molesta con todos y en especial con Raúl. No recuerdo nada pero me han dicho que él fue quien me salvó. Lo detestó y detestó aún más mi vida. Debió dejarme morir ya que es mejor que no exista a existir sin una esencia propia, además todos sabe que no soy quien pretendía ser. Es por eso que era mejor estar muerta que enfrentarme a esto.”
Amanda había intentado suicidarse pero no logró su objetivo, ya que Raúl ese día quiso verla y cuando los padres de ella lo dejaron pasar y se dirigió al cuarto de ella se dio cuenta que algo malo pasaba cuando, no respondía cuando tocó la puerta. Raúl y los padres de ella se preocuparon al ver que no respondía Amanda; cuando abrieron la puerta se encontraron con una escena desagradable. Amanda se encontraba en el suelo, el espejo de su habitación se encontraba roto, en una mano tenía un pedazo de espejo y en las muñecas brotaba sangre.
Los días habían transcurrido y entre los que se decían sus amigos había dicho que ella sólo aparentaba ser feliz, que sólo trataba de ser aceptaba y era por eso su forma de ser. Nunca fue real lo que decía, hacía y lo que vivía, simplemente quería ser aceptada
“Sólo quiero correr, dejar este cuerpo y no ser más yo. Las horas de mi vida se han intensificado que ya no puedo seguir siendo quien soy, las miradas de los demás siguen destrozándome y sólo desaparecer es la mejor opción.”
Amanda no estaba bien, su desesperación por ser alguien la invadió hasta volverla loca. El doctor dijo que su condición se encontraba muy mal, sus pensamientos suicidas y la presión social habían desarrollado una inseguridad con la que no podía. Depresión Severa fue lo que le detectaron que causó que se volviera loca, no pudo detectarse a tiempo.
Raúl y Sofía se sintieron mal por ella y aunque siguen viéndola, sienten un lastima por el error de Amanda y dejarse influenciar por otros. Ella nunca pudo reconocer sus errores; en cierta parte tenía culpa por lo que le había sucedido y por no ser esa persona que quería ser sino una moldeada por terceras personas. Sus padres siguieron viéndola como perfecta, pero se había dado cuenta que nunca la protegieron de ella misma y aunque están conscientes de que no tienen la culpa, tratan de disfrutar el presente con ella. Mientras que Amanda ahora cada se construye su propia esencia, aunque ya no lucida pero ahora se puede decir que lo que muestra es la verdadera Amanda.
