viernes, junio 06, 2008

Hiperventilado

Ha pasado tiempo y no sabes qué sucede en tu, las ideas que has tenido son muchas pero ninguna la has estudiado. Pretendes saber que tienes todo bajo control; sin embargo, te das cuentas que no puedes dominar los impulsos agresivos que se encuentran dentro de ti. El nerviosismo es cada vez insoportable pero tratas de no ser vulnerable ante los demás, no es bueno mostrar ese lado que ocultas o tratas de resguardar.

“No hay nada que temer” es lo que piensas pero es más fuerte el miedo a los demás y de lo que pueda suceder y no es que te llegue a pasar algo, sino que tu provoques a los demás un daño que tal vez puede no arreglarse y marcar lo que le sigue a tu vida.

Así que mantienes tus pies pegados al suelo, los puños cerrados y tratando de no verte mal. Te han dicho que has resistido mucho y admiran tu aguante, pero más que agradecer quieres salir huyendo de ese lugar, un lugar que no resistes más. Quieres no saber nada más de aquellos que se encuentran aquí, ser ciego, sordo y mudo; invisible es la palabra que buscas y no ser parte de este tiempo.

Pero vuelves a sentir, a ver, a escuchar, a contestar; las respuestas monosilábicas no convencen y te hacen pensar en qué otra cosa puedes contestar. No vas más allá de tu lugar y te das cuenta que la temperatura disminuye más y más, pero no has muerto y te das cuenta que estás más vivo de lo que quieres estar.

Te lamentas, te desesperas, te odias y odias el instante que vives pero lo toleras.

martes, junio 03, 2008

TRYING!! parte 1

La tensión era hora más grande a la de ese día, no se cómo me pude atrever a hacer lo que hice. Fue el alcohol, yo sé que fue eso; sin embargo, sé que también fue aquel sentimiento que tengo por él, se que las cosas son muy complicadas y que lo que hice no tuvo nada bueno.


Esa noche sólo se que fui a tomar unas copas con mis amigos y entonces al consumirse las botellas y el transcurso de las horas fue que me atreví.


Fuimos por una flores, aunque la verdad no fueron compradas en un florería ni eran de un mercado, eran flores que arrancamos del parque. Yo realmente iba mal, la cabeza me daba vuelta y era tal mi grado de alcohol que no tenía miedo a que alguien dijera algo al día siguiente.

Era una casa grande con un portón que dejaba ver el patio y parte de los ventanales y el balcón principal; no sabía que decir, cómo gritar o con quién apoyarme. Todo fue rápido, lo único que sabía era que tenía que salir después de lo que hiciera lo más rápido posible. Lo primero que hice, si es que lo hice porque la verdad no tengo claro lo que dije o hice, fue gritar:


-¡Santiago, Santiago! Despierta que aquí estoy, sabes te quiero. Te quiero demasiado que necesito verte todos los días. Sabes, eres un hijo de la chingada porque por ti estoy así. Y sabes no importa que los demás sepan y me molesten con que tu lo sepas me basta. Y ahí te dejo unas flores con una nota para que te des cuenta de lo que siento.-


Es lo que muchos dicen que dije, después salimos rumbo a la carretera. Yo no recuerdo la nota que escribí pero eso fue aún más avergonzarte, ya que eso ocurrió un día antes de la graduación y tuve que enfrentarme a la cruda realidad y a la vergüenza social.

Al llegar al colegio aun recuerdo que trate de evitar los lugares que él frecuenta estar, también evite a sus amigos para que no fueran la burla principal o el gran espectáculo final de la preparatoria. Sin embargo, me encontré con él y mi reacción fue la más obvia, congelado, mirándolo a los ojos, sin dar un paso; pero no paso mucho tiempo hasta que me rescató la pequeña Sofía.


-¿Qué haces, menso? No lo veas así, todo mundo sabe lo que hiciste. Fuiste demasiado obvio y co los que fuiste son nada discretos.- decía mientras me llevaba lejos de la presencia de Santiago.


-Perdón, me siento terrible por eso- alcancé a decirle mientras nos sentábamos lejos de las miradas de toda la generación o tal vez de unos cuantos pero como era un suceso demasiado comentado en poco tiempo pies todos esperaban ver algo.


Sofía trataba de que me relajara, platicando de cosas temas que no sabía de dónde sacaba o haciendo memoria de momentos chuscos; sin embargo, no podía enfocarme ya que era demasiada la presión al no saber que puse en esa nota que me comprometía en manos de Santiago si quería vengarse de mi.

Tenía muchas dudas, quería saber qué pensaba o qué sentía, cómo la estaba pasando, si él también estaba avergonzado. Sabía que no sería fácil estar ahí, pero era necesario quedarme. Las horas pasaron y mi sentimiento de vergüenza fue disminuyendo gracias a que Sofía pudo captar mi atención con su plática. Sin embargo, mientras hablamos aun seguía pensando en lo que pude haber escrito. Además de que lo seguía admirando desde el lugar en el que estábamos sentado Sofía y yo. Fue hasta que le vi dirigirse hacia nosotros, pensaba en que ese sería el final y que viviría para siempre en mi casa.


-Puedo hablar contigo- se dirigía a mi, de una forma sincera y parecía no estar enojado. Yo sólo afirme con la cabeza y Sofía se levantó de su asiento para ir con los demás. Sin embargo, Santiago le dijo que no era necesario ya que prefería salir fuera del auditorio y evitar la curiosidad de muchos.


Así que me dirigí con él hacia la salida, mientras las miradas de los demás los sentía como clavos en mi espalda. No sabía que hacer si decirle que quería permanecer dentro o aprovechar la oportunidad de disculparme. Pero para cuando lo pensé me di cuenta que estábamos ya retirados del auditorio. Así que llegamos al estacionamiento y fue ahí que paro la caminata.


No mencionaba palabra y me empezaba a sentir peor que cuando llegue, hasta que no aguante y hable primero.


-Perdóname, realmente lo siento, no quería causarte un problema – él siguió callado, viéndome parlotear como merolico hasta que me dio una hoja. –Léela bien y toda, por favor- fue lo que alcance a decir.


Tome la hoja y me di cuenta que tenía mi nombre, era mi letra y no podía negarlo ya que estaba firmada por mi. Empecé a leer cuidadosamente, realmente me sorprendí al saber el contenido de esa nota, que era mi dolor de cabeza desde ese día en que me levante de mi cama.


La nota decía así:


“Santiago:

Si te escribo esta nota es porque realmente necesito que sepas algo antes de no verte más, estoy enamorado de ti. Se que es raro o más allá de raro, sin embargo quiero que lo sepas.


Te deseo con toda mi fuerza y hubiera querido realmente que hubieras sido parte de mi vida aunque sea por poco tiempo. Ya que no te hubiera defraudado, me ofrezco de rodillas frente a ti para lo que quieras que te ayude. Sabes que puede contar conmigo, ya que realmente te extrañaré, todo extrañaré de ti.”