Ha pasado tiempo y no sabes qué sucede en tu, las ideas que has tenido son muchas pero ninguna la has estudiado. Pretendes saber que tienes todo bajo control; sin embargo, te das cuentas que no puedes dominar los impulsos agresivos que se encuentran dentro de ti. El nerviosismo es cada vez insoportable pero tratas de no ser vulnerable ante los demás, no es bueno mostrar ese lado que ocultas o tratas de resguardar.
“No hay nada que temer” es lo que piensas pero es más fuerte el miedo a los demás y de lo que pueda suceder y no es que te llegue a pasar algo, sino que tu provoques a los demás un daño que tal vez puede no arreglarse y marcar lo que le sigue a tu vida.
Así que mantienes tus pies pegados al suelo, los puños cerrados y tratando de no verte mal. Te han dicho que has resistido mucho y admiran tu aguante, pero más que agradecer quieres salir huyendo de ese lugar, un lugar que no resistes más. Quieres no saber nada más de aquellos que se encuentran aquí, ser ciego, sordo y mudo; invisible es la palabra que buscas y no ser parte de este tiempo.
Pero vuelves a sentir, a ver, a escuchar, a contestar; las respuestas monosilábicas no convencen y te hacen pensar en qué otra cosa puedes contestar. No vas más allá de tu lugar y te das cuenta que la temperatura disminuye más y más, pero no has muerto y te das cuenta que estás más vivo de lo que quieres estar.
Te lamentas, te desesperas, te odias y odias el instante que vives pero lo toleras.

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