-Mmm, basta. ¿Qué estamos haciendo? Esto no es correcto. Espera. Debo pensar.- fueron las palabras de Santiago, mientras se alejaba de mi.
Así que me quedé ahí, suspendido en medio de la nada y surgiendo alrededor de mi cada persona que posiblemente se burlaría y me señalaría desde ese instante.
Pensé en lo que había hecho y sabía que me había equivocado. Nunca había tenido una buena manera de manejar las situaciones y ese día fue el claro ejemplo de mi falta de astucia. Sin embargo, el saber que tal vez habría esperanzas me ayudó a tomar cierta "responsabilidad" de lo que había sucedido.
Así que le seguí desesperadamente, sin pensar y sin tener algo "estructurado" para poder persuadirlo en que no había sucedido algo, bueno un beso ya no es nada en estos tiempos.
Corrí un poco, pues su caminata era muy rápida, y lo detuve poniéndome frente a él. Le miré a los ojos de una forma muy retadora y le tome las muñecas de sus manos, todo eso era para detenerlo y también para sentir parte de sus manos.
El miedo a que las cosas fallaran era evidente, lo clásico que se siente y que describen.
Los síntomas del amor: piernas temblorosas, manos sudorosas, dolor de estomago, falta de sentido común y entre otros muchos. Literalmente estaba pensando con los sesos y no con el cerebro.
Pero mientras mis sesos trataban de carburar de una forma racional, Santiago me besó. Ahora yo era el impresionado y el que debía alargar el beso. Fue ahí que me di cuenta que era para mí, aunque no sabía si yo era para él.
Fue en ese instante que Sofía llegó hasta nosotros y nos interrumpió.
-Chicos, eh. Es hora de irnos, ya piensan mencionarnos para recibir nuestros diplomas. Ah! Y que bien se ven.- fueron las palabras no se si acertadas de mi gran amiga.
La ceremonia fue perfecta, ya no pensaba en lo que pudieran decir de mi porque ya había arreglado todo y al parecer conocía lo que sentía Santiago. Pero al mismo tiempo sabía que ya no nos veríamos más. Cada quien iría a universidades diferentes, según lo que yo sabía hasta ese momento.
Y siguió lo que le siguen a todas las graduaciones. Las palabras de despedidas, las fotos, reconocimientos, las lagrimas y lo demás que es común en las despedida, aunque mi despedida fue diferente.
-Bueno, es hora de despedirnos- le dije de una forma tímida. Realmente no esperaba recibir nada a cambio y mucho menos salir corriendo con una lagrimilla en la mejilla como en las telenovelas; sin embargo, hubo algo.
-Este, pues si es hora de irnos. Espero que te vaya bien en las vacaciones y... Bueno, nada.- fue lo que respondió.
Sabía que tenía algo más que decirme pero tenía miedo, bueno es lo que yo sentía y creo que era algo importante o al menos quería que fuera importante.
-Este, bueno es que si me dabas tu número para poder hablar y ya, haber si salíamos- se atrevió a decir tímidamente y tartamudeando.
Yo sólo dije -Si, deja te lo doy- fue así que saco su celular y empezó a teclear cada número que le decía. Pensé que seguía siendo un sueño pero no lo era, al terminar de teclear mi número empezó a vibrar mi celular. Era una llamada de él.
-Ahora tienes el mío, puedes llamarme o mensajearme cuando quieras, lo esperaré- fue lo que dijo, mientras aún me sentía confundido por todo lo que estaba ocurriendo en el día.
-Si lo haré- fueron las palabras que en automático salieron de mi boca, no debí decirlas pero nuevamente mis sesos empezaban a carburar en vez de mi cerebro.
Así que se dio la vuelta y se fue, no sabía si lo vería durante el verano pero sabía que tal vez no lo vería en la universidad, al menos eso era lo que sabía.
Ambos tomamos nuestros caminos y mientras iba hacia mi casa, mi teléfono vibró. Era un mensaje de él.




